¿Qué es la agorafobia?
La palabra agorafobia etimológicamente proviene de las palabras griegas agora (plaza o mercado) y fobia (temor). Este trastorno se clasifica dentro de los trastornos de ansiedad y se caracteriza por un miedo patológico, desproporcionado, irracional y difícil de controlar voluntariamente ante diferentes situaciones en las que la persona se siente indefensa ante la posibilidad de experimentar una crisis de pánico. Los síntomas no solo ocurren por temor a sufrir el ataque, sino también ante la idea de no poder escapar o no recibir ayuda. Estos síntomas suelen provocar conductas de evitación hacia las situaciones temidas.
Factores que pueden desencadenar la agorafobia

¿Qé es agorafobia?
Existen diferentes factores físicos y psicológicos que pueden actuar como desencadenantes de las crisis de pánico. Al combinarse, el organismo entra en un estado de hiperactivación. Cuando la persona se encuentra en este estado de alerta fisiológica, el cuerpo puede generar multitud de sensaciones, por ejemplo: aceleración del ritmo cardíaco, sudoración, sensación de falta de aire, náuseas o malestar gastrointestinal, entre otras.
Además, también son frecuentes el mareo o inestabilidad, los escalofríos y las parestesias (hormigueos o entumecimientos). Conforme las crisis de pánico se van repitiendo, las personas suelen desarrollar un estado constante de ansiedad que se conoce como ansiedad flotante. Esto hace que se vuelvan muy aprensivos ante cualquier situación que perciban como relacionada con su propia salud, desembocando habitualmente en preocupaciones hipocondríacas (miedo ante la posibilidad de padecer enfermedades graves) o en somatizaciones, es decir, síntomas físicos que no cuentan con una explicación médica clara. De esta forma, el intento de controlar las sensaciones corporales termina haciéndolas más notables, cerrando el círculo de ansiedad y malestar que sostiene la agorafobia.
Está sintomatología colabora con la idea interna de “algo grave está pasando”, manteniendo el círculo de ansiedad, miedo a perder el control y sensación de desconexión con el entorno, generando una asociación cada vez más fuerte entre ciertos estímulos (internos o externos) y la aparición de las crisis de pánico.
Patrones de comportamiento en la agorafobia
Las situaciones que las personas con agorafobia tienden a acabar evitando son situaciones cotidianas que suelen seguir un patrón, son bastante comunes: evitación del uso del trasporte público (como metro o autobús), permanecer en lugares concurridos (supermercados, centros comerciales), espacios cerrados como ascensores, teatros o restaurantes, hacer colas, o desplazarse lejos de casa o de un lugar considerado seguro. En los casos más graves, la evitación puede generalizarse al punto de que la persona limita de manera drástica sus actividades, llegando a permanecer recluida en su domicilio, atrapada por el ciclo de sintomatología de ansiedad.
Los estudios muestran que el desarrollo del cuadro de la agorafobia suele coincidir con la aparición de crisis de pánico en las propias situaciones temidas. No obstante, en otros casos se inicia tras una crisis espontánea en un contexto aparentemente neutro, que posteriormente se interpretará como señal de vulnerabilidad.
Prevalencia de la agorafobia
La agorafobia es uno de los trastornos de ansiedad que más aparece en consulta. Está alta prevalencia ha convertido a la agorafobia en un foco de tratamiento central dentro de la terapia cognitivo-conductual (TCC), principalmente por su curso, habitualmente crónico, y por el impacto tan grande que tiene en la vida de las personas que lo padecen.
El DSM-5 (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) señala que alrededor del 1,7 % de adolescentes y adultos recibe cada año un diagnóstico de agorafobia. Aunque puede presentarse en la infancia, su aparición es más común en la adolescencia tardía y en los primeros años de la edad adulta.
Aunque la agorafobia ya supone en sí misma una dificultad muy importante para el día a día, puesto que limita la funcionalidad de la persona, su autonomía, genera inseguridad y condiciona muchas decisiones cotidianas, suele venir acompañada de otros problemas que vuelven la situación aún más compleja. En la práctica clínica, es habitual observar que las personas con agorafobia presentan también otros trastornos de ansiedad o del estado de ánimo, lo cual tiende a intensificar el malestar y complicar la recuperación.
Además, es común que a la agorafobia se sumen fobias específicas, episodios de pánico, ansiedad social o síntomas depresivos o de consumo de alcohol. Esta combinación de dificultades no solo aumenta la vulnerabilidad, sino que suele contribuir a que el problema se mantenga en el tiempo o se cronifique y a que la persona se sienta cada vez más limitada en su vida cotidiana.
Algunos tratamientos psicológicos para la agorafobia
Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)
La terapia cognitivo-conductual (TCC) es un enfoque terapéutico diseñado para ayudar a las personas a reconocer y modificar los pensamientos y comportamientos negativos. En lugar de centrarse únicamente en los síntomas, esta terapia trabaja sobre la manera en la que las personas interpretan las situaciones y cómo reaccionamos ante ellas (Manicavasagar y Silove, 2022).
La agorafobia es un trastorno que genera un gran malestar, por lo que analizar cómo funciona la TCC en estos casos es especialmente relevante, puesto que la vida de las personas que le hacen frente se ve especialmente limitada. La TCC es uno de los tratamientos de referencia para los problemas de ansiedad, incluidos el pánico y la agorafobia. Su eficacia ha sido ampliamente estudiada, y gran parte de los avances en el tratamiento de los trastornos de ansiedad provienen precisamente de este enfoque. Sin embargo, es importante explicar que la TCC no es una técnica única, sino un conjunto de herramientas que se combinan y se adaptan según las necesidades de cada persona. En el caso de la agorafobia, la intervención con TCC suele incluir varias estrategias que trabajan en el plano emocional, cognitivo y conductual. Aunque cada tratamiento se personaliza, algunos elementos son habituales:
- Psicoeducación sobre la ansiedad y el pánico: consiste en explicar de manera clara qué ocurre en el cuerpo durante un episodio de crisis, las razones por las que aparecen ciertos síntomas y cómo funciona el sistema nervioso. Entender lo que nos pasa reduce la sensación de peligro y puede ayudar a recuperar el control.
- Respiración controlada y técnicas de regulación de la activación fisiológica: estas herramientas enseñan a manejar la ansiedad y a reducir la intensidad de los síntomas cuando ya han aparecido.
- Reestructuración cognitiva: ayuda a identificar pensamientos automáticos (“me va a dar algo”, “voy a desmayarme”, “si salgo no podré volver”) y a sustituirlos por interpretaciones más realistas y menos catastróficas.
- Exposición interoceptiva: consiste en recrear de manera controlada sensaciones físicas similares a las de un ataque de pánico (mareo, palpitaciones, calor), para perderles el miedo y comprobar que no son peligrosas.
- Exposición en vivo o autoexposición: implica enfrentarse poco a poco a las situaciones que la persona evita: salir sola, entrar en un supermercado, subir a un autobús, etc. Se hace de forma gradual, acompañada y con un plan claro.
- Autorregistros o diarios de ansiedad: permiten observar patrones, identificar detonantes y seguir los progresos.
Precisamente esta amplia variedad de técnicas es uno de los puntos más fuertes de la TCC puesto que permite abordar la agorafobia desde diferentes perspectivas y ajustar el tratamiento a lo que cada persona necesita. Además, los estudios disponibles coinciden en que combinar estas estrategias aumenta notablemente la probabilidad de mejorar.
Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT)
La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) es otra de las alternativas con evidencia ampliamente respaldada para tratar la agorafobia (Rakitzi, 2023). La ACT propone una manera diferente de relacionarse con la ansiedad: en vez de luchar contra ella, aprender a convivir con las sensaciones internas que nos genera para que dejen de dirigir la vida de quien la padece.
A continuación, explicamos los pilares de este enfoque aplicados a la agorafobia:
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Aceptación de las experiencias internas
Este es uno de los puntos principales de la ACT, consiste en dejar de pelear contra las emociones desagradables. En la agorafobia, es muy común que las personas intenten eliminar el miedo, controlar cada síntoma físico o evitar cualquier pensamiento que pueda disparar ansiedad. Sin embargo, ese esfuerzo constante suele causar el efecto contrario, generando más tensión y más evitación.
La ACT invita a permitir que los pensamientos y sensaciones aparezcan sin juzgarlos ni rechazarlos, como parte natural de la experiencia humana. Aceptar no significa “resignarse”, sino dejar de gastar energía en esa lucha que solo hace que el malestar aumente.
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Clarificación de valores personales
Este enfoque se centra en conectar con aquello que realmente le importa a la persona, por ejemplo: la familia, la autonomía, la salud, las relaciones, el crecimiento personal…
Cuando las personas identifican sus valores, comienzan a tener una brújula interna que puede ayudar a decidir hacia dónde quiere avanzar, incluso aunque la ansiedad todavía esté presente. La idea es construir una vida que tenga sentido y no se base en la evitación del miedo.
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Compromiso con acciones valiosas
La ACT anima a dar pasos concretos en decisiones alineadas con los valores de la persona. Esto no significa que la persona vaya a exponerse de golpe a todas las situaciones temidas, sino a recuperar actividades significativas poco a poco, aunque aparezca la ansiedad.
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Mindfulness o atención plena
La práctica del mindfulness es fundamental en ACT. Nos ayuda a entrenar en la capacidad de estar presentes sin reaccionar automáticamente ante cada sensación o pensamiento desagradable.
Gracias a esta habilidad, la persona aprende a notar su ansiedad sin dejarse llevar por ella, aprendiendo a estar más conectada con lo que realmente está ocurriendo en el aquí y ahora, en lugar de quedarse atrapada en el círculo de anticipación.
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Defusión cognitiva
La defusión consiste en forma de relacionarse con los pensamientos de manera más ligera. En lugar de creer todo lo que la mente dice (“si salgo, me desmayaré”, “no podré soportarlo”), se aprende a observar esos pensamientos sin considerarlos como verdades absolutas. Al distanciarnos de ellos, su impacto se reduce muchísimo, permitiendo actuar desde los valores y no desde el miedo.
Referencias
Rakitzi, S. (2023). Agoraphobia. In Clinical Psychology and Cognitive Behavioral Psychotherapy: Recovery in Mental Health(pp. 65-71). Cham: Springer International Publishing.


